viernes, 31 de mayo de 2019

Apología de la pereza


Apología de la pereza
Se sabe que, debido a su débil constitución física, Stevenson asó mucho tiempo recluido en su casa, o encamado, escribiendo. Quizá a ello se deba su idea de la pereza como una perspectiva vital distinta a la industriosidad de su época —de ahí esta apología, «discurso en defensa de alguien o algo»—, de cuya exposición publicamos un fragmento.
Boswell: Nos cansamos cuando no hacemos nada. Johnson: Eso sucede, señor, porque como los demás están atareados, queremos compañía; pero si no hiciéramos nada, nadie se cansaría: nos entretendríamos los unos a los otros.
Precisamente ahora, cuando todo el mundo está obligado, so pena de ser condenados por un delito de lesa respetabilidad, a ingresar en alguna profesión lucrativa, y a ejercerla con auténtico entusiasmo, una exclamación del partido opuesto, de quienes están satisfechos cuando tienen bastante y les gusta contemplar y disfrutar del tiempo, adquiere cierto tono bravucón y de fanfarronería.
Pero no debería ser así. La mal llamada pereza, que no consiste en «no hacer nada», sino en hacer muchas cosas no reconocidas en los formularios dogmáticos de la clase dirigente, tiene tanto derecho a hacerse valer como la laboriosidad.
La vida inerte
Se suele considerar que la existencia de personas que se niegan a participar en esa gran carrera de obstáculos por unas cuantas monedas de seis peniques representa tanto un insulto como una decepción para los que sí lo hacen.Un tipo cabal —de los que tanto abundan— toma su decisión, vota por los seis peniques, y, por emplear el enérgico americanismo, va «saco» por ellos. Y mientras él está arando esforzadamente el camino, no es difícil entender su resentimiento cuando ve personas descansando en los prados de los márgenes, tumbados con un pañuelo en la cabeza y un vaso junto al codo. La indiferencia de Diógenes ofende en un sitio muy delicado a Alejandro.
Para aquellos turbulentos bárbaros, ¿en qué quedaba la gloria de haber conquistado Roma, cuando irrumpieron en el Senado y se encontraron a los Padres sentados en silencio e insensibles a su triunfo?
Resulta molesto esforzarse y escalar las cimas difíciles y, al terminar, ver que la humanidad se queda impasible ante tu logro. De ahí que los físicos condenen lo que no es físico, que los economistas sólo toleren superficialmente a los que saben poco de acciones, que la gente de letras desprecie a los iletrados, y que las personas con un oficio se unan para denostar a los que no tienen ninguno.
[…] Los libros tienen su valor, pero son un sustitutivo de la vida completamente inerte. Es una pena quedarse sentado como la dama de Shalott, mirando un espejo, de espaldas a todo el bullicio y el atractivo de la realidad. […] En mi caso, asistí a muchas clases en aquellos tiempos. Aún recuerdo que el giro de la peonza es un ejemplo de estabilidad cinética. Aún recuerdo que la enfiteusis no es una enfermedad, ni el estilicidio un crimen. Pero, aunque no quiero olvidar esos retazos de ciencia, no les doy el mismo valor que otras cosillas que aprendí al aire libre, mientras hacía novillos (irse de pinta). […]
Basta decir lo siguiente: si un muchacho no aprende en la calle es porque no tiene capacidad para aprender. […] Puede lanzarse contra una mata de lilas junto a un arroyo, y fumar innumerables pipas al son del agua en las piedras. Un pájaro canta en el matorral. Y puede que allí tenga ideas amables y vea las cosas bajo una nueva perspectiva. Vaya, si esto no es educación, ¿en qué consiste ésta entonces?
El arte de vivir
Ahora bien, la del sabio hombre del mundo es la opinión más extendida. […] Sainte Beuve, a medida que fue cumpliendo años, consideraba que toda la experiencia era como un único y gran libro, que podemos estudiar algunos años antes de irnos de este mundo, y le parecía que daba igual leer el capítulo xx, que es el cálculo diferencial, o el capítulo xxxix, que es oír a la banda tocando en el parque. […] Mientras otros llenan su memoria con un batiburrillo de palabras, la mitad de las cuales olvidarán al término de esa semana, el que hace novillos puede aprender algún arte sumamente útil: a tocar el violín, a distinguir un buen puro, o a hablar con desenvoltura y tino con toda clase de personas.
«No creo que la necesidad sea la madre de la invención. La invención… proviene directamente de la ociosidad; posiblemente también la pereza: para ahorrarse el problema», Agatha Christie.
Muchos que «se han aplicado con diligencia en su libro», y lo saben todo sobre una rama u otra del saber establecido, salen de la sala de estudio con un aspecto antiguo y de búho, y resultan secos, burdos e indigestos en las mejores y más luminosas partes de la existencia. Muchos amasan una gran fortuna y siguen siendo groseros y ridículamente estúpidos hasta el final. Mientras tanto, ahí está el perezoso, que empezó a vivir a la par que ellos, una imagen distinta.
Ha tenido tiempo para cuidar su salud y su ánimo; ha estado mucho al aire libre, que es lo más saludable para el cuerpo y la mente; y, aunque nunca haya leído pasajes escondidos del Gran Libro, le ha echado un vistazo y lo ha leído en diagonal con gran provecho. ¿No podría sacrificar el estudiante algunas raíces hebreas, y el hombre de negocios algunas medias coronas, a cambio de una parte del conocimiento que tiene el perezoso de la vida en general, y del Arte de Vivir?
Una especie de coma
[…] Estar extremadamente ocupado, ya sea en el colegio o la universidad, en la iglesia o el mercado, es síntoma de una vitalidad deficiente, y la facultad de la pereza implica unos gustos amplios y variados y un fuerte sentido de la identidad personal. Existe una clase de personas muertas en vida, vulgares, que apenas son conscientes de estar vivos si no ejercen alguna ocupación convencional. […]
No tienen ninguna curiosidad, no pueden entregarse a estímulos azarosos, no disfrutan con el ejercicio de sus facultades por el mero placer de hacerlo y, a no ser que la Necesidad la emprenda a palos con ellos, incluso se quedarán quietos. Es inútil hablar con gente así: no pueden estar sin hacer nada, su naturaleza carece de la generosidad necesaria; y las horas que no dedican al furioso trabajo en el molino de oro las pasan en una especie de coma. […] Como si el alma de un hombre no fuese ya suficientemente pequeña de por sí, han menguado y reducido la suya con toda una vida de trabajo sin distracciones; hasta que llegan a los 40, con la atención muerta, una mente vacía de cualquier fuente de diversión, y sin una idea que entre en contacto con otra, mientras esperan el tren. […]
«Nada es realmente un trabajo, hasta el momento en que preferirías estar haciendo otra cosa», James Matthew Barrie
Pero no sólo es él la víctima de sus atareadas costumbres, sino también su mujer e hijos, sus amigos y parientes, e incluso las personas con las que se sienta en el vagón de un tren o en un autobús. La devoción perpetua hacia lo que un hombre llama su negocio sólo se puede obtener mediante una desatención perpetua de muchas otras cosas. […]
No cabe duda de que dependes en gran medida de las atenciones de tu abogado y de tu agente de Bolsa, de los guardias y guardavías que te llevan rápidamente de un sitio a otro, y de los policías que patrullan las calles para protegerte; pero ¿acaso no hay un pensamiento de gratitud en tu corazón para otros benefactores que te hacen sonreír cuando te cruzas con ellos, o que aderezan tu cena con una buena compañía? […]

CUESTIONARIO 1


¿Qué objetivo tendrías al leer el texto?
Mi objetivo sería conocer as que es la idea que tiene este autor acerca de la pereza y porque piensa así
¿Qué es la idea central?
La idea central de este texto es expresarte que es la pereza, pero por medio de una anécdota que te da el autor  
¿Cómo desarrolla la información el autor?
Desarrolla la información de una manera clara, separándole por subtítulos para que no perdamos la sinopsis y se dé a explicar mejor.



Apología de la pereza
Stevenson deba su idea de la pereza como una perspectiva vital, la mal llamada pereza, que no consiste en «no hacer nada», sino en hacer muchas cosas suele considerar que la existencia de personas que se niegan a participar en esa gran carrera de obstáculos, pues resulta molesto esforzarse y ver que la humanidad se queda impasible ante tu logro.
Los libros tienen su valor, pero son un sustitutivo de la vida completamente inerte, considera que toda la experiencia es como un único y gran libro, que podemos estudiar algunos años antes de irnos de este mundo, pero el perezoso le ha echado un vistazo y lo ha leído en diagonal con gran provecho y las horas que no dedican al furioso trabajo en el molino de oro las pasan en una especie de coma, pero las personas que rodean al perezoso también son víctimas de la pereza de la persona





CUESTIONARIO 2 
¿El autor es experto en el tema?
Consideramos que, si es un experto, ya que todo lo que argumenta es fundamentado, por algún escrito o link para que conozcamos más acerca del tema
¿El lugar donde se publica el texto es prestigioso en el ámbito académico?
 si ya que es una fuente confiable.
¿El tema y el texto en si son actuales?
Consideramos que si es un tema reciente por el hecho que fue publicado hace un año y no creemos que las ideologías hayan cambiado tanto 
¿El autor se apoya en otras fuentes, citas y referencias debidamente?
si, hace menciones de algunas citas, las cuales las resalta con color y va dándole una síntesis al texto

Postura del autor
El autor te refleja una postura a favor de la pereza, argumentando que la vida es como un libro muy grande y que vas aprendiendo de ella conforme los años, pero que hay dos tipos de personas, los que se aplican tanto en el libro que se olvidan de vivir y experimentar por ellos mismos en cambio el perezoso solo da una leída, con lo cual él prefiere mejor vivir y disfrutar.

Mi postura
A mi parecer yo coincido con la postura del autor y estoy a favor ya que hay disfrutar cada etapa de la vida, no meternos tanto en el libro y adquirir nuestras propias experiencias, y en cierto cada uno de nosotros hemos tenido un poco de pereza en nuestra vida

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